¿Por qué nos duele todo?

¿Por qué nos duele todo?

¿Por qué nos duele todo?

El dolor está cada día más presente en cada uno de nosotros, como respuesta a esos estímulos físicos, mentales y emocionales, que en este siglo XXI, ya no están relacionados con la edad, sino con las experiencias que vivimos diariamente; experiencias que están cargadas de tensión, de estrés y de exigencias, que ya sean reales o imaginarias, nos afectan a todos.

Como experta que he sido, en experimentar el dolor en todas sus manifestaciones, me atrevería a hacer una analogía, entre el dolor y el reflejo, como el que se presenta cuando el médico nos da un suave golpecito en la rodilla y la pierna reacciona con un movimiento involuntario, ¿te acuerdas?

Bueno, a mi manera de ver, el dolor ya sea físico, emocional, mental o espiritual, es una reacción o respuesta a un estimulo, que no siempre logra ser entendido por nosotros, y que se manifiesta como una sensación de molestia, incomodidad, malestar y/o sufrimiento.

Algo parecido a lo que debe experimentar el motor de un carro, cuando vamos a 120km por hora e inesperadamente le damos marcha atrás… me imagino que si no se funde, queda bastante afectado, ¿verdad?

Así mismo sucede con nosotros, cuando estamos afectados por algo que cambia radicalmente en nuestra vida y no logramos asimilarlo como corresponde.

El dolor, es la forma en que tu ser expresa, que una experiencia vivida, no fue procesada adecuadamente; y por procesada nos referimos, a que no fue recibida, comprendida, digerida, asimilada y capitalizada en aprendizaje, como era su objetivo inicial; sino que al sufrir tan fuerte impacto, el fluir de la experiencia para ser procesada, fue impedido, creando conmoción, caos, y esa reacción, que conocemos y sentimos como dolor.

Todos sabemos, que el dolor que nos aqueja hoy en día, es el dolor físico; sin embargo, lo que tal vez no todos sepan, es que ese dolor que hoy en día se manifiesta en tu cuello, en tu espalda, en los brazos y piernas, o en cualquier parte de tu cuerpo afectado por la enfermedad, es el reflejo de ese dolor emocional que has alimentado a lo largo de tu existencia, y que ahora, acumulando y acomodado en diferentes partes del cuerpo, sale a la superficie, que es tu cuerpo físico, para pedirte a gritos, que hagas algo para liberarlo.

El dolor que siente tu cuerpo, es el dolor que ha sentido tu alma; es el dolor que ha sentido tu corazón, alimentado por tu pensamiento; que al no poder procesar lo sucedido, crea registros de malestar y sufrimiento... Algo así como la piedrita en el zapato, que de una u otra manera, te está rogando que la saques de ahí. Porque el dolor que sientes, no está en tu corazón, sino en tu mente; y cuando tu mente comprende, tu corazón se alivia; y cuando tu corazón se alivia y entra en paz y en armonía, tu cuerpo también se alivia.

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Cuando los hijos crecen…

Cuando los hijos crecen...

La clave de todo en la vida,
está en el amor
y en la entrega con la que se vive.
En el caso de los hijos,
que son el regalo del amor
y de esa etapa inevitable
donde crecen y se van...
los resultados dependen,
de lo sembrado.
Pensar siempre en construir.
Continuar, a pesar de las dificultades;
sostenerte y dejarte guiar por el amor;
fortalecer lazos
en la comprensión y el respeto,
te permitirá superarlo todo.