Vivir en paz o en conflicto

Vivir en paz o en conflicto es una decisión

Vivir en paz o en conflicto es una decisión

Se cree que la paz, como la felicidad y el amor son estados esquivos, casi imposibles de alcanzar.
¿Cuántos de nosotros los hemos anhelado, cuántos los hemos saboreado… y cuántos más los hemos dejado de tener, al alejarnos de las condiciones que los propician?

La paz, la felicidad y el amor
provienen de nuestro interior,
son estados naturales del alma;
por lo tanto, no podemos pretender,
que el entorno que nos rodea nos los brinde.

Por su parte el conflicto, la insatisfacción y la ignorancia de un ego inmaduro, también son estados internos, alimentados por la mente, a través del resentimiento y la baja autoestima, que los hace ser el terreno propicio para cultivar el odio, la violencia y la pobreza interior.

¿De quién depende entonces alcanzar unos u otros,
cuando son el fruto de una decisión?
Decisión que se ve afectada por el estado de consciencia
y de evolución espiritual de cada quien.

Mientras no exista una consciencia clara y serena, expresión de toda alma pura que vibra en el amor; vivir en paz y en la plenitud que estar en armonía brinda, será un estado inalcanzable; no por que sea imposible, sino porque las condiciones para ello no se dan.

La paz, la felicidad y el amor
nos permiten crecer, desarrollarnos y construir.
La violencia, el odio y la falta de amor…
destruyen, dividen y causan dolor y sufrimiento.

¿Cuál será tu decisión?

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Siguiendo mi corazón

Siguiendo mi corazón

Siguiendo mi corazón

"El camino en la búsqueda de cumplir los sueños

está lleno de retos y también de alegrías"

Desde niña, siempre me pregunté, si existirían Escuelas para aprender a vivir… La vida parecía difícil y llena de inesperadas situaciones, que como mínimo, requerían de un manual de instrucciones; manual que paradójicamente, nadie traía consigo.

Enfrentarme a la cruda realidad, de que no existían Escuelas para aprender a vivir; me lanzó al ruedo, sin saber torear. Mi inexperiencia ante las situaciones que tenia que enfrentar, me llevaba de golpe en golpe y de caída en caída, con un único objetivo: sobrevivir y no dejarme vencer por la adversidad.

Me enfrenté al dolor y al sufrimiento, que se convirtió en mi mayor maestro. Conocí el engaño, la infidelidad y la traición que el desamor sembró; mientras la tristeza, hacia nido en mi corazón.

Vivir se convirtió en mi mayor pesadilla; y morir… en la recurrente invitación, que me liberaría de la vida. Me aferré a Dios y a cuanto recurso encontré en mi camino, con tal de no sucumbir. Logré sobrevivir, a aquellos primeros años.

Cuando cumplí 40 años, sentí en mi interior, que ya había hecho lo que tenía que hacer; y qué de ahí en adelante, podría darme el lujo, de hacer lo que quisiera hacer… Así que, sin pensarlo mucho, decidí dejar mi trabajo como administradora de empresas, para dedicarme a lo que siempre había querido: ser asesora de vida.

Inconscientemente seguía mi corazón, que por aquel entonces no estaba aún muy claro. Sin embargo, mi búsqueda por la verdad era clara; aunque con infinidad de preguntas, que esperaban respuesta. Mi corazón necesitaba sanar; y aunque EL AMOR era mi esencia, requería de una expansión de mi consciencia, para “aprender a vivir”.

A esto me dediqué los últimos 26 años de mi vida.
Lo que al principio inició, como una simple orientación personalizada, se fue convirtiendo en mi anhelada Escuela para aprender a vivir; que no pretendía más, que ayudarme a darle sentido a mi vida. Lo que al principio hice, pensando en ayudarte, terminó ayudándome a mí; y lo que pretendía darle sentido a tu vida, terminó dándosela a la mía.

Hoy comprendo que la Escuela para aprender a vivir fue creada para mí. Que yo la necesitaba más, que el aire que respiro; y que lo que en un principio pensé, era vital para millones de personas como yo, resultó ser, mi más importante misión de vida.

Compartiré contigo, 26, de las innumerables lecciones que he aprendido a lo largo de estos años. Sabiendo, que si evaluáramos lo vivido, en términos de costo-beneficio, confirmaríamos, que el costo ha sido nada, frente a la infinidad de beneficios recibidos; no sólo en enseñanzas, sino en satisfacciones; y sobre todo, en la gran transformación que ha tenido mi vida.

Aprendizaje año #1

Aprendí a seguir mi corazón

Al iniciar este camino, no me sentía capaz de hacerlo sola, tampoco sabía cómo hacerlo; así es que invite a Dios a ser mi socio y le dije: “- Padre, hagámoslo junticos; seamos socios, tú serás la cabeza y yo las manos”. Desde entonces hemos construido juntos, cada instante de estos 26 años.

Aprendizaje año #2

Aprendí a abrirme a nuevos proyectos

Comprendí, que no siempre la idea inicial, es la idea final. Que con el tiempo, se van aclarando las cosas y van madurando las ideas; fluir con ellas y seguir su evolución natural, me ha llevado, a realizar cosas que jamás imaginé.

Aprendizaje año #3

Aprendí a no programar y a lanzarme al vacío de lo desconocido

Siempre he sido una persona meticulosa y organizada, que en aquellos primeros años hubiera querido programar todo, para que resultara perfecto. Sin embargo, la vida me fue enseñando a “soltar el control”, a confiar en la providencia y a lanzarme muchas veces al vacío, en alas de la fe y la esperanza.

Aprendizaje año #4

Aprendí a adaptarme al cambio

Las circunstancias y en especial la necesidad de sobrevivir para cumplir mi propósito, me invitaban a buscar nuevos caminos, como estrategia para poder avanzar. Caminos, que me forzaban al cambio y como consecuencia, a adaptarme a las nuevas circunstancias que iniciaban, o que simplemente debía dejar atrás. ¡No fue fácil! La tendencia a oponer resistencia, siempre se hacia presente. Sin embargo, los resultados me fueron convenciendo, de que fluir y adaptarme a lo que fuera llegando, era lo mejor.

Aprendizaje año #5

Aprendí que todo tiene una razón y un propósito

Quería entenderlo todo, especialmente lo que no tenía sentido para mí.
Con el tiempo comprendí, que no podía entenderlo todo; y me abandoné en la profunda convicción, en que todo sucede por una razón y con un propósito, aunque yo no lo entienda en el momento. Desde entonces me sostengo en esta confianza, que lo hace todo más llevadero.

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Relación de pareja

¿Satisfech@ con tu relación de pareja?

¿Satisfech@ con tu relación de pareja?

Las relaciones en general son una lotería, o no?

Empezando por la relación consigo mismo, que la mayoría de las veces se toma bastante tiempo, en lograr reconciliarnos con nuestras propias diferencias; origen de nuestros principales conflictos: “ser más alto/a, más delgado/a, menos tímido/a, más sociable, más atractivo/a, seductor/a, sexi, sensual, etc”; para finalmente, lograr llegar a valorarnos, a respetarnos y sobre todo, a amarnos verdaderamente.

Así es que, si no es fácil relacionarnos con nosotros mismos, imagínate lo que es, relacionarnos con alguien más; especialmente cuando su presencia nos mueve el piso, nos hace sentir mariposas en el estomago, y activa nuestra maquina de sueños: “mente”, que anhela empezar a hacerlos realidad.

No acabamos de decir “hola”, por primera vez en la vida y ya nuestra mente esta fabricando extraordinarias películas, que van desde ese mágico instante en el que le vimos por primera vez, hasta el anhelo que tuvimos de un segundo encuentro, que mágicamente se convierte en tercero y cuarto… convirtiéndose en ese romance maravilloso, que nos lleva a soñar con casarnos, con vivir juntos, tener hijos, una mascota y sobre todo, a querer estar juntos por siempre, como en los cuentos de hadas, donde el principe azul es el galante caballero, que salva a la dulce princesa de su hechizo y viven felices por siempre.

Relaciones de pareja

La cuestión es que no ha pasado ni 1 minuto y ya hemos fabricado toda una vida, con esa persona a quién hemos idealizado desde el primer instante, y de quien apenas sabemos su nombre y uno que otro detalle, que queda relegado a segundo plano, ante la avalancha de ilusiones que proyecta nuestra creativa mente.

Sin embargo y a pesar de ello, ya le hemos entregado nuestro corazón; y al hacerlo, toda nuestra energía se ha canalizado, hacia la culminación de ese sueño de amor, que desde ese instante, inconscientemente, se ha convertido en nuestro mayor objetivo.

La historia apenas empieza…

Sostenida más en ideales, que en realidades. Somos dos desconocidos en aras de conocernos; sin embargo, el deseo de causar buena impresión, oculta nuestro verdadero ser, dejando relucir lo mejor de cada uno de nosotros. Somos encantadores, comprensivos, pacientes, tolerantes, risueños, alegres y sobre todo, estamos dispuestos a todo.

Poco a poco vamos sintiendo la conexión, la familiaridad, la confianza… y empezamos a mostrarnos como en realidad somos. Además, van apareciendo las diferencias y con ellas la personalidad, los gustos, las preferencias, las costumbres y hasta los hábitos de cada uno… Al principio nos acomodamos, pero poco a poco vamos siguiendo nuestras propias tendencias, que en ocasiones chocan con las del otro. La cuestión, como dijimos antes, es que ya entregamos nuestro corazón…

Entregamos nuestro corazón antes de conocer a la persona, y antes de dar la oportunidad de que ella nos conozca a nosotros. Ciframos la relación en sueños, ilusiones y anhelos… un terreno frágil y desconocido, que poco a poco nos va confrontando con la realidad; una realidad que en la mayoría de los casos, es muy diferente a nuestro ideal, pero que aceptamos, con la esperanza inconsciente de que con el tiempo cambie.

Sufrimos… y creemos que es porque el amor causa sufrimiento. Hasta ese momento no nos hemos dado cuenta, de que sufrimos, porque vamos en contra de nosotros mismos, de lo que verdaderamente queremos y sobre todo merecemos.

Estamos “en-amor-ados”. Esto significa, sumergidos en el ideal de amor, que ha fabricado nuestra mente; y en ese “en-amor-a-miento”, que no es otra cosa, que la búsqueda del amor que anhelamos, nos engañamos inocentemente; y aún peor, engañamos al otro.

Ela mor es la esencia de la creación

El amor, jamás puede ser causa de sufrimiento; y no puede serlo, porque el amor es la esencia de la misma creación, es la fuente de la vida, del bienestar y de la felicidad.

Sin embargo, la falta de amor o desamor, si puede causar dolor y sufrimiento; y lo puede causar, al no corresponder a nuestras expectativas, a nuestros sentimientos, sueños e ilusiones.

Y aquí es importante comprender, que esta falta de amor, no es a propósito ni mal intencionada; simplemente es el resultado de otras expectativas, otros deseos y otras realidades, que en su momento no coincidieron con las nuestras, y que nosotros tomamos mal, pensando que son un acto de maldad; cuando no lo es.

Así es que sin profundizar más te pregunto: ¿Hasta ahora, te has identificado con lo que narra esta historia? Porque si es así, tenemos mucho por compartir, por explorar y comprender; porque tanto tú, como esa pareja que espera por alguien como tú, merecen ser felices y poder dar y recibir, lo mejor de lo mejor. ¿No crees?

Escríbeme y seguimos profundizando en el tema.

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