¿Te dejas contaminar por los demás?

¿Te dejas contaminar por los demás?

¿Te dejas contaminar por los demás?

Porque en ocasiones la tentación a volvernos “malos”, entre comillas, es grande; en especial cuando nos sentimos heridos, utilizados e indignados por sus acciones; y es entonces, cuando por un momento, pensamos en ser como ellos y en devolverles con su misma moneda.

No sé tú, pero yo lo he contemplado en diferentes ocasiones de la vida… Es como si en esos momentos quisiera volverme mala, ruin, indiferente y cruel, olvidando mi esencia y lo que en realidad soy…

Gracias a Dios esos momentos son breves y al final llego a la conclusión, de que no tiene sentido perder lo bueno que hay en mí, al retroceder y volverme alguien que no soy.

Afortunadamente, en esos momentos, he podido ser consciente de mi propia naturaleza y de lo absurdo que sería perder mi verdadera esencia, que es bellísima, para volverme un ser horrible, que puede lastimar a otros.

Así es que, sí; no podemos controlar lo que los demás hacen o dejan de hacer; no podemos evitar que sus acciones u omisiones nos toquen, haciéndonos sentir emociones; pero sí podemos elegir, cómo reaccionaremos y responderemos ante ello.

Podemos elegir tomar esos carboncitos al rojo vivo que nos envían, y quemarnos; o esquivarlos y dejarlos pasar sin causarnos daño; porque dejar de ser quienes somos, para convertirnos en algo peor, no es opción.

Así es que, ¿cómo te ha ido a ti?
¿Lograste vencer la tentación… o sucumbiste a ella?
Porque cada uno de nosotros cultiva su propia esencia; y esa esencia, es nada menos, que lo que predomina en nosotros y hace que seamos quienes realmente somos.

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Adaptémonos a las diferencias

Adaptémonos
a las diferencias

Recuerdo aquella plastilina
que salió en los años 80...
parecía una gelatina,
algo líquida y sin forma;
que daba la impresión,
de poder adaptarse
a todas las superficies...
Sería maravilloso
poder implementar algo por el estilo,
ante las diferencias de los demás;
pues son precisamente las aristas,
y las curvas peligrosas de cada quien,
las que al rozarnos con ellas,
nos pueden lastimar.
Adaptarnos a las formas de cada quien,
como una medida temporal,
periodos cortos y no toda la vida;
nos ayudará a manejar mejor,
las temidas diferencias.