¡Existo!

¡Existo!

Cierro mis ojos y respiro profundo,
sintiendo el aire que penetra en mi ser,
llenándome con la vida misma.
Percibo lo que me rodea:
sonidos, colores, olores,
formas, texturas, sabores…
¡Existo!
Soy el fruto
del Amor de Dios.