Siguiendo mi corazón

Siguiendo mi corazón

"El camino en la búsqueda de cumplir los sueños

está lleno de retos y también de alegrías"

Desde niña, siempre me pregunté, si existirían Escuelas para aprender a vivir… La vida parecía difícil y llena de inesperadas situaciones, que como mínimo, requerían de un manual de instrucciones; manual que paradójicamente, nadie traía consigo.

Enfrentarme a la cruda realidad, de que no existían Escuelas para aprender a vivir; me lanzó al ruedo, sin saber torear. Mi inexperiencia ante las situaciones que tenia que enfrentar, me llevaba de golpe en golpe y de caída en caída, con un único objetivo: sobrevivir y no dejarme vencer por la adversidad.

Me enfrenté al dolor y al sufrimiento, que se convirtió en mi mayor maestro. Conocí el engaño, la infidelidad y la traición que el desamor sembró; mientras la tristeza, hacia nido en mi corazón.

Vivir se convirtió en mi mayor pesadilla; y morir… en la recurrente invitación, que me liberaría de la vida. Me aferré a Dios y a cuanto recurso encontré en mi camino, con tal de no sucumbir. Logré sobrevivir, a aquellos primeros años.

Cuando cumplí 40 años, sentí en mi interior, que ya había hecho lo que tenía que hacer; y qué de ahí en adelante, podría darme el lujo, de hacer lo que quisiera hacer… Así que, sin pensarlo mucho, decidí dejar mi trabajo como administradora de empresas, para dedicarme a lo que siempre había querido: ser asesora de vida.

Inconscientemente seguía mi corazón, que por aquel entonces no estaba aún muy claro. Sin embargo, mi búsqueda por la verdad era clara; aunque con infinidad de preguntas, que esperaban respuesta. Mi corazón necesitaba sanar; y aunque EL AMOR era mi esencia, requería de una expansión de mi consciencia, para “aprender a vivir”.

A esto me dediqué los últimos 26 años de mi vida.
Lo que al principio inició, como una simple orientación personalizada, se fue convirtiendo en mi anhelada Escuela para aprender a vivir; que no pretendía más, que ayudarme a darle sentido a mi vida. Lo que al principio hice, pensando en ayudarte, terminó ayudándome a mí; y lo que pretendía darle sentido a tu vida, terminó dándosela a la mía.

Hoy comprendo que la Escuela para aprender a vivir fue creada para mí. Que yo la necesitaba más, que el aire que respiro; y que lo que en un principio pensé, era vital para millones de personas como yo, resultó ser, mi más importante misión de vida.

Compartiré contigo, 26, de las innumerables lecciones que he aprendido a lo largo de estos años. Sabiendo, que si evaluáramos lo vivido, en términos de costo-beneficio, confirmaríamos, que el costo ha sido nada, frente a la infinidad de beneficios recibidos; no sólo en enseñanzas, sino en satisfacciones; y sobre todo, en la gran transformación que ha tenido mi vida.

Aprendizaje año #1

Aprendí a seguir mi corazón

Al iniciar este camino, no me sentía capaz de hacerlo sola, tampoco sabía cómo hacerlo; así es que invite a Dios a ser mi socio y le dije: “- Padre, hagámoslo junticos; seamos socios, tú serás la cabeza y yo las manos”. Desde entonces hemos construido juntos, cada instante de estos 26 años.

Aprendizaje año #2

Aprendí a abrirme a nuevos proyectos

Comprendí, que no siempre la idea inicial, es la idea final. Que con el tiempo, se van aclarando las cosas y van madurando las ideas; fluir con ellas y seguir su evolución natural, me ha llevado, a realizar cosas que jamás imaginé.

Aprendizaje año #3

Aprendí a no programar y a lanzarme al vacío de lo desconocido

Siempre he sido una persona meticulosa y organizada, que en aquellos primeros años hubiera querido programar todo, para que resultara perfecto. Sin embargo, la vida me fue enseñando a “soltar el control”, a confiar en la providencia y a lanzarme muchas veces al vacío, en alas de la fe y la esperanza.

Aprendizaje año #4

Aprendí a adaptarme al cambio

Las circunstancias y en especial la necesidad de sobrevivir para cumplir mi propósito, me invitaban a buscar nuevos caminos, como estrategia para poder avanzar. Caminos, que me forzaban al cambio y como consecuencia, a adaptarme a las nuevas circunstancias que iniciaban, o que simplemente debía dejar atrás. ¡No fue fácil! La tendencia a oponer resistencia, siempre se hacia presente. Sin embargo, los resultados me fueron convenciendo, de que fluir y adaptarme a lo que fuera llegando, era lo mejor.

Aprendizaje año #5

Aprendí que todo tiene una razón y un propósito

Quería entenderlo todo, especialmente lo que no tenía sentido para mí.
Con el tiempo comprendí, que no podía entenderlo todo; y me abandoné en la profunda convicción, en que todo sucede por una razón y con un propósito, aunque yo no lo entienda en el momento. Desde entonces me sostengo en esta confianza, que lo hace todo más llevadero.

Aprendizaje año #6

Aprendí a seguir mis sueños

Seguía con el anhelo de esa Escuela para aprender a vivir que no existía, y que yo sentía vital. Así que en vista de que no existía, me lancé a crearla; convencida de que el 99% de la gente la necesitaba para vivir mejor, para relacionarse mejor, para comunicarse mejor y sobre todo, para manejar mejor las situaciones de la vida, que por no saber manejar, nos causan dolor y sufrimiento. No sabía que la alumna sería yo, y mucho menos, que creaba la Escuela, porque quien necesitaba desesperadamente aprender a vivir… era YO.

Aprendizaje año #7

Aprendí a compartir

Comprendí que cualquier cosa que poseas, mientras la mantengas guardada, es como si no la tuvieras. Sin embargo, cuando lo compartes, no sólo se vuelve valiosa, sino que brinda felicidad a quien la da y a quien la recibe.

Aprendizaje año #8

Aprendí a confiar mucho más en mí y sobre todo a dejarme llevar por mi ser interno.

Desarrollar la atención y la observación, es uno de los retos de todo guerrero espiritual.
En mi caso personal, su práctica, me permitió ser consciente de la constante presencia de mi voz interior… consciencia o guía interior, que no sólo me orientaba, sino me enseñaba sobre infinidad de cosas. Confiar en esa valiosa ayuda y sobre todo, ser obediente a ella, me ha ayudado a comprender y manejar mejor las situaciones que se me presentan.

Aprendizaje año #9

Aprendí que hay que comprender para aprender.

Como comenté al principio, querer entenderlo todo, siempre fue una de mis necesidades. Sin embargo, la vida es sabia y con el tiempo me fue enseñando, que una cosa es entender y otra muy diferente “comprender”.

Entender, es un proceso mucho más mental, que te permite tener claridad sobre algo; mientras que “comprender”, es algo más personal, más vivido y profundo, que se logra más con el corazón que con la mente. Es algo maravilloso, aunque difícil de explicar, ya que no sólo brinda una claridad increíble, sino que esa claridad está sostenida en la convicción, que la misma experiencia brinda; algo así como ponerte en los zapatos del otro y vivirlo desde tu interior, comprendiendo todo tan amplia y profundamente, que no hay palabras para describirlo, ya que deja en tu interior una sensación tan completa, que en realidad lo contiene todo.

Experimentar esto me llevo a concluir, que cuando comprendemos algo con esa total claridad y comprensión, valga la redundancia, se aprende; y “aprender” no es otra cosa, que integrar lo que has logrado comprender, a tu ser.

Aprendizaje año #10

Aprendí que hay límites que no se deben traspasar.

En el camino espiritual como en el camino de la vida, existen los opuestos: el bien y el mal; lo que en alguna medida nos lleva a la búsqueda del equilibrio que todos anhelamos. Sin embargo y a pesar de conocer “algo” sobre la existencia del bien y del mal, enfrentarme a ciertas e inusuales situaciones, fue lo que me llevó a comprender que hay límites que es mejor no traspasar.

ESTA FUE MI EXPERIENCIA:
Me disponía a realizar una regresión, cuando la persona en cuestión me comentó, que tenía información de una vida previa, en la que le había vendido “el alma” al diablo… En mi total ignorancia pensé, que como esto había sucedido en un momento diferente de la existencia, no tendría importancia, y me dispuse a iniciar el proceso de regresión.
Cabe anotar, que en todo proceso de regresión, se están abriendo y tocando los registros “del alma”; que son los que contienen la información, sobre todo lo vivido en los diferentes momentos de la existencia.

Para resumir la historia te contaré, que fue imposible realizar la regresión; durante el intento, me vi envuelta en una energía densa y desagradable, que me hizo sentir extremadamente mal; obligándome a suspender el procedimiento. La experiencia me llevó a comprender, que estaba vetado para mí, el acceso a los registros de esta alma en particular.

Lo que en aquel momento supe y ahora sé, es que la experiencia fue en extremo fuerte y difícil de experimentar y sobre todo, difícil de explicar; que debo estar muy protegida por el Universo, ya que gracias a Dios logré manejarla y superarla con bien; que me tomó cerca de 12 horas equilibrarme de nuevo; y algo más que me sorprendió muchísimo, que a pesar de que pedí ayuda a las personas cercanas, que creí podían ver lo mal que me encontraba, por lo que estaba viviendo; ellos me veían bien, incluso mejor que nunca.
La verdad es, que no sé ni cómo llegué a mi casa… tuve que aislarme, para meditar y acogerme a Dios, hasta que logré liberarme de esa fuerte energía y recuperar el equilibrio perdido.

Aquel día comprendí que hay límites, que por ahora y bajo estas circunstancias humanas, no debo traspasar jamás; que el alma es algo muy sagrado, y que al parecer los pactos y más cuando se tratan del alma, son eternos y deben respetarse; y que uno no debe meterse en terrenos desconocidos y mucho menos, cuando se trata de fuerzas opuestas a la vibración de uno.

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One Thought on “Siguiendo mi corazón”

  • ASI MISMO ES, PONIENDOLE EL CORAZON Y LA PRESENCIA Y GUIA DE DIOS, EN TODO LO QUE HAGAMOS EN LA VIDA, OBTENDREMOS BUENOS RESULTADOS..

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